lunes, 10 de enero de 2011

Historias de Bar: Hoy "el tragapelas"

Roy llega siempre contento, con su perfume preferido, saluda y es agradable, conversa un par de minutos y me llama por mi nombre. ¿ Como va la noche? ,me pregunta mientras mira la maquina de reojo, ¡está desocupada! Ya ni siquiera intenta sacarme información, como otros, si vinieron los chinos y la vaciaron antes, ya no pregunta por que la maquina tragamonedas está allí a su entera disposición. El sabe que yo no diré nada, aunque ofrezca comisión en caso de premio. "Voy a jugar un poquitillo, veamos como nos va" .
Comienza cantando alguna canción que escuchó donde trabaja, la canta especialmente mal, pero eso da igual, anima un poco la noche. Luego comienza la transformación poco a poco...deja el bocadillo a medio comer y la fanta naranja se empieza a entibiar comienzan sus tic y sus gritos irreproducibles. Primero cambia cincuenta, luego cincuenta más, cincuenta, cincuenta y cincuenta euros. Le conté cuatrocientos euros, echó en la maquina cuatrocientos euros!!!, un sueldo entero en mi país, se enoja, se enfurece y cada vez quiere más.
Es el espectáculo de aquel hombre, que causa risas, molestias y asombro en los que llegan.
“Hoy no sacará nada, le comento a un cliente, ayer vino un chino y jugo con las dos maquinas, una con cada mano…les saco 480 en un para de horas”
Otro hombre lo mira y se sienta junto a el, estuvo cerca de media hora viéndolo como juega, al llegar a la barra le pregunto “¿Usted no juega?” No, hombre yo solo miro, yo no juego…me responde. Dos semanas después veo al mismo hombre sacando monedas a dos manos de sus bolsillos y cambiando billetes... otro más del club
“No me vas a ganar” le habla Roy a la maquina y la trata como una mujer de la peor clase, "perra" le dice con dureza,"estoy enviciado" dice al aire en un momento de lucidez, de escasa lucidez
Todos los cliente que van por la noche lo conocen, al comienzo reían, ahora les preocupa o les causa indiferencia. Los primerizos en verlos sonríen, al que igual que yo en un comienzo. Ahora yo no ni siquiera rio.
Finalmente luego de gastarse sus cuatrocientos euros y pasar unas cinco horas con la luces, justo cuando comienza a amanecer Roy saca premio y lo grita como un jugador de fútbol haciendo un gol en el mundial . Corre por la mitad de la cafetería.
¡¡¡ Si!!!, esto me gusta!!!. “Ganó” 190 euros y va como un niño a la caja a cambiarlos, le doy exactamente sus mismos billetes, exactamente los mismos y se va contento, con una ingenuidad que me sorprende, como si no supiera que sus otros billetes quedan de ganancia para la maquina de luces, para la maquina que traga monedas, que traga vidas.
Un día por la noche, más bien una noche por el día, me acerco a la maquina, la miro, me sonríe, tiene luces al por mayor, frutas y juguetitos. Si te salen tres figuras iguales ganas el doble ,me hace un guiño tratando de seducirme e intenta tapar con una de sus manos un pequeño cartelito que dice “no apta para menores”.
Ni cincuenta céntimos te doy, ni cincuenta! le digo, debo ir, alguien espera para ocuparla, alguien me espera por un café.