sábado, 31 de julio de 2010

¡Bienvenido a la ciudad!


El metro olía fatal, intentaba sacar mi libro pero fue imposible. Mis brazos estaban inmóviles.
Mi habitación es más pequeña que nunca y la luz del sol apenas llega. Estoy malhumorado, mi ordenador aún sigue con problemas y no entiendo un par de facturas de la luz.

Después de estar algunos días en contacto con la naturaleza,en Francia, lejos del metro, de la gente malhumorada y de los computadores. Vuelvo de forma brusca a la cuidad. Al lugar donde elegí para vivir.

Eso creo